Crisis griega: “grecorralito”, el inminente “grexit” y las reminiscencias con el 2001

Crisis griega: “grecorralito”, el inminente “grexit” y las reminiscencias con el 2001

En Argentina, el límite de extracciones diaria era de 300 pesos semanales (unos 200 dólares, en ese entonces). Hoy en Grecia, el tope del grecorralito es de 60 euros por extracción diaria, aunque sin afectar el cobro de jubilaciones. A esto se le añade la gratuidad del transporte público, para aliviar las tensiones ante el cierre de los bancos. Se espera la medida continúe sólo hasta el 7 de julio, fecha en que reabrirían “normalmente” las entidades financieras. Decimos “normalmente” por el siguiente detalle: en el medio se encuentra una fecha clave, ya que antes del cierre de junio se deben pagar 1.544 millones de euros al FMI. Casualmente, dicho organismo internacional de crédito se encuentra nuevamente como acreedor de un país al borde del default.

El escollo es que está en jaque la capacidad de pago griega, e incluso en el caso de poder desembolsar el dinero de manera cuasi heroica, el próximo mes debería cancelar otra deuda por 452 millones de euros con el FMI y más de 3.400 con el BCE, montos inalcanzables para el Ministerio de economía heleno.

En este escenario, las negociaciones no han prosperado. El pesimismo ha ganado terreno en ambas partes. Del lado heleno, porque el ajuste que se le demanda a la nación implica un recorte fiscal de magnitud, en un contexto donde la actividad económica languidece, la tasa de desempleo volvió a superar el 26% y un 38% de los niños estarían en situación de pobreza. Por el lado de los acreedores, se trata del inminente derrumbe de un típico esquema “ponzi” que ya lleva vigente más de 6 años. Incluso en el caso de que Grecia pague al FMI, resulta altamente improbable que pueda liquidar la totalidad de sus obligaciones pendientes durante los próximos 24 meses dada la criticidad de su situación macroeconómica (y los cuantiosos vencimientos).

Por esta razón, el default griego resulta inminente. El grecorralito continuará mientras se siga negociando el salvataje, dado que la altísima incertidumbre cambiaria ha provocado una cuantiosa fuga de capitales, que ha secado aún más a los ya ilíquidos bancos griegos. El parate bancario es un parche momentáneo, útil en el mientras tanto, para detener la sangría mientras se termina de definir el rumbo político-económico de la nación balcánica.

El escenario más auspicioso en el mediano-largo plazo para el pueblo griego es el de la salida (“Grexit”): Grecia necesita utilizar su política monetaria-cambiaria para reestablecer un tipo de cambio real alineado con sus posibilidades técnicas. La alta capacidad ociosa, al igual que en el caso argentino, constituye una excelente oportunidad para que tenga lugar un rápido rebote del nivel de actividad  luego de la depreciación, con un potencial para el crecimiento del mercado interno enorme, incluso a “tasas chinas” por algunos años si la transición se realiza de forma correcta. Sólo resta la intención política para tomar la dura decisión, con graves consecuencias en el corto plazo, pero que terminaría con una agonía innecesaria que lleva más de 6 años.

Hoy el panorama se ve algo más claro: el grexit debió haberse ejecutado hace más de un lustro. Una vez más, el hecho de dilatar las decisiones difíciles ha probado sólo representar un altísimo costo de oportunidad para el pueblo, que de todas formas, terminará sufriendo ambos males: la agonía por no introducir el ajuste, y el inevitable ajuste en sí mismo.