Brasil y China anticipan el fin de un 2015 de ficción

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Por Santiago Rossi

 

A menos de 130 días para el final del mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, la economía vuelve a centro de la escena con alarmas provenientes de Brasil y China.

A diferencia del año 2014, en el que el gobierno nacional comenzó con una profunda devaluación, resignando estabilidad y parte del nivel de actividad, en 2015 se decidió llevar la economía al límite para lograr una victoria electoral.

Tal es así, que las cifras de  gasto primario nacional crecen en torno al 40% anual, mientras que los ingresos lo hacen al 23%. Esta brecha de 17 puntos porcentuales implica un fuerte deterioro del saldo presupuestario que es financiado casi íntegramente con emisión monetaria, volviendo insostenible cualquier tipo de estabilidad en el mercado cambiario y afectando severamente la composición patrimonial del Banco Central.

También con claros fines electorales se decidió utilizar al tipo de cambio como ancla nominal (a julio creció sólo 11,8%, muy por debajo de la inflación que se ubica alrededor del 26%). La menor tasa devaluatoria se tradujo en un aumento de los salarios medidos en dólares y mejoró el poder adquisitivo de los salarios en términos de bienes transables, es decir, de aquellos bienes que se comercian en el mercado internacional; dando  lugar a un veranito de consumo que duro hasta julio.

Este mix de políticas dio resultados positivos para el gobierno en el  primer semestre. La confianza del consumidor trepó un 30% en el último año, principalmente gracias a la estabilidad cambiaria, como producto de haber utilizado el tipo de cambio nominal como ancla. Esto no resulta casual, dado que históricamente se ha utilizado este mecanismo para lograr mejores resultados electorales: la estrategia de atrasar el tipo de cambio por detrás de la inflación es altamente efectiva en las urnas, y el gobierno lo sabe. Tal es así, que de hecho, el indicador ha resultado ser un gran predictor de los resultados electorales (ver gráfico).

Con mayor o menor precisión, el porcentaje de votos oficialistas se encuentra altamente alineado con el nivel de confianza del consumidor en dicho momento, en especial, con la percepción de la situación actual en comparación con el status del año anterior. Como mencionamos anteriormente, esto se encuentra estrictamente atado a lo que ocurre con el dinamismo del tipo de cambio.

 

CONFIANZA DEL CONSUMIDOR, RESULTADOS ELECTORALES Y TASA DE DEVALUACIÓN

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Fuente: OIKOS Buenos Aires en base a UTDT y BCRA

Paralelamente en el plano internacional, cuando parecía que este coctel de expansión fiscal y apreciación cambiaria estaba dando buenos resultados, nuestros dos principales socios comerciales Brasil y China que, combinados son el destino del 30% de nuestras exportaciones, dieron señales de alarma las últimas semanas.

Por el lado de Brasil, los problemas se encuentran en varios frentes. Dilma Rousseff se encuentra con crecientes desafíos desde su asunción hace tan solo 10 meses; las denuncias de corrupción asociadas a Petrobras y el descontento económico, ligado al proceso de ajuste fiscal, han deteriorado los niveles de aprobación que hoy se encuentra en mínimos históricos (10% según Data Folha). Además, el fortalecimiento del dólar a nivel mundial terminó de incentivar un proceso de fuga de capitales que ha puesto serias presiones devaluatorias sobre el Real (julio 2015 registra una devaluación interanual de 44% y el Real ya se ubica en el mínimo de doce años).

En cuanto a Chinael gigante asiático se encuentra en el apogeo de la etapa más dinámica de su historia reciente. Los millones de campesinos que emigraron del campo a la ciudad a trabajar por salarios bajos ya no abundan como hace cinco o diez años. Las mejoras salariales han dado lugar al surgimiento de un gigantesco mercado interno que implica un giro en la estrategia de desarrollo, pasando de un crecimiento basado en exportaciones a uno enfocado en el mercado doméstico. Lo cierto es que 2015, será el año en que la economía China crecerá a la menor tasa en 25 años y eso tiene y tendrá consecuencias directas para nuestro país. Menos crecimiento es menos demanda de materias primas entre ellas la soja, cuyo precio se derrumbó un 20% en los últimos doce meses.

En este marco, los problemas que atraviesan nuestros socios comerciales no hacen más que acelerar los tiempos en que deben encararse las correcciones y profundizar las magnitudes de los desequilibrios acumulados de la macroeconomía Argentina, que incluso se han visto acrecentados por la estrategia económica-electoral de este año.

Por este motivo, lo único cierto es que a esta ficción le queda poco tiempo.