Brasil, escenario 2015-2016

El país vecino está atravesando un año complejo Tras apenas siete meses de reasumir la presidencia, Dilma Rousseff se enfrenta a un panorama interno altamente crítico, a tal punto que gran parte de la población y la oposición reclama su remoción del cargo.

Este brote de fuerte descontento social tiene su origen tanto en eventos de carácter político como económico.

Por el lado político, las múltiples denuncias y escándalos de corrupción en torno a Petrobras afectaron de sobremanera a la imagen de la primera mandataria. A su vez, este factor negativo de carácter político se conjugó con la introducción de un programa de ajuste fiscal (impopular por definición) al inicio del actual mandato, en un momento donde también el escenario internacional y regional se tornó significativamente más hostil.

En lo que va del año se observa un claro denominador común en la región: el colapso de las exportaciones por el fortísimo retroceso de los precios de los commodities, junto con las menores inversiones privadas, como consecuencia del menor atractivo de una Latinoamérica estancada, y un EE.UU. que se encuentra recuperando momentum y a punto de elevar los rendimientos financieros. Adicionalmente, China (que concentra el 20% de las exportaciones totales de Brasil) se encuentra creciendo al ritmo más lento de los últimos 25 años, mostrando también una mayor volatilidad en sus mercados financieros y al tiempo que se encuentra reajustando la cotización de su moneda.

Este cóctel ha resultado altamente explosivo: por la fuerte salida de capitales y el desplome del comercio exterior (-76% interanual del saldo comercial acumulado de los últimos 12 meses) la cotización del real brasileño se debilitó durante todo 2015, alcanzando su mayor nivel desde principios de 2003 con un promedio de 3,48 reales por dólar durante lo que va de agosto. Como consecuencia del vertiginoso ritmo de depreciación (+54% ia) y alguna corrección en las tarifas del servicio eléctrico, el nivel de precios mostró una aceleración notable. Se estima la inflación alcance el 10% este año, muy por encima del techo de la meta inflacionaria, fijado en 6,5% por el BCB.

Esta sucesión de hechos desafortunados no ha hecho más que seguir erosionando la credibilidad, no solo de Dilma, sino de todo su equipo económico. Como caso testigo de la incrementada desconfianza, la agencia de calificación Moody’s revisó a la baja la nota de la deuda de Brasil de”Baa2″ a “Baa3”.

Si bien es cierto que el desmejorado panorama exterior ha tenido un gran impacto, el torpe timing del recorte fiscal, la cuestionable falta de intervención en el mercado cambiario para moderar el pass-through a precios, y la utilización de la suba de la tasa de interés SELIC como prácticamente el único antídoto anti-inflacionario, se erigen como las tres grandes fuentes de cuestionamientos por parte del periodismo económico.

En el análisis global, 2015 se encamina a ser el peor año de las últimas dos décadas, dado que se vaticina una caída del 2,2%. El último dato publicado refleja un retroceso del PIB del -1,9% en el 2T15 (en la comparación interanual). De esta manera, la economía brasileña ha caído en recesión técnica. Como consecuencia del deterioro generalizado, el mercado laboral tampoco resultó ileso. El último relevamiento de julio arrojó una tasa de desempleo del 7,5%, siendo este el más alto desde la salida de la crisis sub-prime. Con todo esto, Dilma sufre los mayores niveles de desaprobación desde 1987, con un rechazo del 71% de la población, según cifras de Datafolha.

Teniendo en cuenta el panorama actual, las perspectivas para 2016 lucen poco alentadoras.

La desaceleración de China parecería haber llegado para quedarse. Los fundamentals del crecimiento del gigante asiático de las últimas décadas marcan que, si bien seguiría creciendo, el dinamismo de 2016-2017 lejos estaría de los niveles mostrados durante años anteriores.

Adicionalmente, la recuperación de EEUU y la consiguiente suba de tasas esperada para 2016 no harían más que reforzar la actual tendencia al debilitamiento de los commodities y la salida de capitales desde los emergentes hacia plazas más “seguras” (proceso conocido como flight to quality). Esta dinámica tendería a debilitar aún más las monedas de LATAM, generando mayores presiones inflacionarias y volatilidad, como producto de una probable profundización de las políticas anti-cíclicas que ya tuvieron lugar en gran parte de la región.

De todos modos, existen algunos factores que podrían jugar a favor de la recuperación. Se estima el gobierno brasileño moderaría sus intenciones de balancear las cuentas fiscales, dado el crítico momento político. Incluso sería probable que durante el próximo año tengan lugar mayores estímulos fiscales si el nivel de actividad no logra dar señales de recuperación en el arranque del año. También, la fuerte depreciación del real ha superado largamente la de los principales socios comerciales de Brasil, por lo que el tipo de cambio real se ha recompuesto notablemente, dando un plus de competitividad a la industria local, de gran importancia en la matriz productiva local.

Con todo esto, se estima la caída del PIB se recorte considerablemente, llegando a un -0,5% en 2016. En la misma línea, se espera el ritmo de depreciación se desacelere, y esto, sumado al contexto de debilidad económica, harían que la inflación ceda algunos puntos, marcando un retroceso con respecto al nivel de 2015. Como resultado, se pronostica un aumento de precios del orden del 7,5% a 8% para 2016. Por su parte, si bien durante lo que resta del corriente año tiene algún recorrido alcista, en 2016 la tasa de desempleo se estabilizaría en torno al 8%, algo por encima del promedio de la última década.