¿Tiene sentido que baje el petróleo y suba la nafta?

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Por Juan I. Fernandez

Desde el año 2003 se mantiene en la Argentina el desacople de precios entre el barril de crudo que se exporta respecto del que se comercializa internamente. El precio del primero, responde a la evolución de la cotización internacional de referencia (la del petróleo Brent) aunque se ubica algunos dólares por debajo debido a diferencias en la calidad que hacen más costosa su refinación.

En cambio, el que se comercializa en el país tiene un precio acordado internamente que apunta a garantizar el nivel de actividad, inversión, empleo y regalías para las provincias; lo que en economía se conoce como ‘precio sostén’.

Pero la vertiginosa caída del precio internacional del crudo en los últimos dos años ha puesto en jaque la rentabilidad del sector. Puesto en números, nos encontramos con lo siguiente: desde enero 2014 a la actualidad, el precio internacional del Brent se redujo en aproximadamente un 70%, pasando de USD 108 el barril a los actuales USD 30.

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A contramano de esto, el precio en el mercado interno (ponderado por volúmenes de venta entre las diferentes provincias), pasó en el mismo período de USD 67 a USD 61, es decir, una reducción de apenas el 9%. Pero si tenemos en cuenta que los intercambios dentro del país se hacen en pesos, observamos que la evolución fue de $ 478 a $ 829, es decir un aumento del 73% en dos años.

Como el combustible que se produce en el país utiliza como insumo el petróleo que se comercializa localmente a un precio regulado, no hay impacto en los precios de la nafta y el gas oil cuando baja (ni cuando sube) la cotización internacional del crudo. En cambio sí tiene un efecto notable el costo en pesos del petróleo en el mercado interno, a pesar de que se mantenga prácticamente fijo en dólares.nafta_2

La existencia de este diferencial entre precios locales e internacionales, determina un claro beneficio para las petroleras que operan en el mercado local. Esto es más notorio aún en el caso de empresas como YPF que integran las actividades de extracción y refinación. Al mismo tiempo, las provincias que cobran regalías perciben montos mayores si lo que se produce en su territorio es objeto de comercio interno. Tal es el caso de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza, las cuales comparten la cuenca de la cual se extrae el petróleo tipo Medanito, cuya producción se destina casi íntegramente al mercado local.

Pero la contracara es que estos precios internacionales extraordinariamente bajos perjudican a toda la cadena de valor del crudo exportable. Entre las provincias más golpeadas por esto se encuentran Chubut y Santa Cruz, las cuales comparten la cuenca del golfo de San Jorge. De ahí se extrae el petróleo tipo Escalante, de cuya producción se destina aproximadamente un 40% a la exportación. Con un costo de extracción estimado en un poco más de USD 20, regalías del 15% y derechos de exportación del 1%, el precio internacional actual apenas cubre estos valores.

 

Pero si además se tiene en cuenta el ‘finding cost’, es decir lo que debería invertirse para reponer el crudo extraído, habría que agregar otros USD 22/24 al costo. Es por esto que un precio internacional tan bajo está causando una severa crisis en el sector. Por caso, Chubut ha decidido hace algunos meses recortar a la mitad las regalías que le cobra a las petroleras que exportan si mantienen el nivel de producción y empleo. De todas formas se trata de medidas que apenas atenúan la grave crisis que está afrontando la industria.

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La política de fijar a los precios internos en un nivel relativamente estable e independiente del internacional, responde a la intención de mantener previsibles los niveles de rentabilidad de las petroleras para que sostengan las inversiones y el empleo, asumiendo el trade off de que el país tenga uno de los combustibles más caros de la región.

Es una situación que el gobierno actual ha heredado y deberá evaluar la conveniencia de mantenerla. Por un lado, una eventual alineación de los precios locales con los internacionales podría en el corto plazo abaratar los combustibles en beneficio de los automovilistas y la industria logística, además de contribuir con la reducción de la inflación y los subsidios al sector transporte (se estima una quita total de los subsidios a la producción podría abaratar el precio de los combustibles en un 30%, lo que llevaría –por ejemplo- el precio de la nafta súper de $14 a $10).

 Aunque también habría que tener en cuenta que dicha corrección haría que mermen significativamente los ingresos del sector petrolero, arriesgando la viabilidad de las nuevas inversiones en yacimientos hidrocarburíferos no convencionales, y llevando a las provincias productoras a una situación de crisis económica y social.

Dado el escenario político actual, en el cual el oficialismo se encuentra en un período de transición económico-política, y a su vez, no cuenta con mayorías legislativas, enemistarse con senadores de provincias patagónicas (sobre representados en el Congreso) no parecería conveniente.

En consecuencia, aplicar una política de liberalización de precios en la industria petrolera parecería tener más costos que beneficios, al menos en el corto plazo. Dado esto, la estrategia más prudente sería aguardar posibles señales de normalización en el mercado internacional, manteniendo el precio local de referencia por encima del internacional, para avanzar con la exploración de yacimientos como Vaca Muerta, manteniendo el nivel de actividad y empleo en las provincias productoras.nafta_4

De todos modos, para hacer un correcto análisis de los pro y contras no hay que perder de vista el costo de oportunidad que representa este subsidio a la producción de crudo local: que se esté destinando ese dinero de los consumidores en ese fin implica que se está dejando de destinar a otros fines, que probablemente puedan tener un retorno social más alto (ejemplo: infraestructura en el muy golpeado conurbano bonaerense).

En este sentido, en caso de que este escenario del crudo por debajo de los USD 30 se extienda hacia 2017 (el levantamiento de las sanciones a Irán y la desaceleración estructural de China son dos factores que apoyan esta hipótesis), probablemente la ecuación de costos-beneficios se invierta, por lo que una re-evaluación de prioridades, no solo en términos energéticos, sino desde una perspectiva más abarcativa, sería la decisión más recomendable.