Un programa de metas de inflación necesita credibilidad

Un programa de metas de inflación necesita credibilidad

Por Fernando Rezkfoto

 

Reflexión 1. No existe una buena política monetaria sin un buen INDEC

Según INDEC, el 70% de los argentinos percibe menos de $8000.

El índice de precios al consumidor pondera un 36% el gasto de hogares en alimentos, y determina que una persona gasta $96 por día por dicho concepto, si se encuentra en dicho tramo de ingresos. Si ello no fuera factible, el IPC no sería representativo del 70% de los trabajadores. Esto no es trivial.

Metodológicamente, el IPC, parte de una encuesta del gasto de los hogares realizada en el año 2004, porque sostiene que la encuesta realizada en el período 2012/2013 carece de consistencia, entre otras cosas, por la mala calidad de su muestra estadística. Para que hacer una encuesta nueva si tenemos la del año 2004, verdad?

De esta manera, obvia dos devaluaciones y cambios en precios relativos fuertes que inducen un fuerte efecto sustitución sobre la canasta de consumo: uno generado con la devaluación en 2014 y otro generado con la devaluación del 2016, que fueron los dos años que registran pérdida los salarios reales, si se deflactan con el IPC que subestimaría la tasa de inflación.

Así es que el INDEC, en su afán de ahorrarse beneficios, que sobre las instituciones brinda toda información estadística de calidad, elude una tarea fundamental para fortalecer las instituciones y brindar credibilidad: realizar una encuesta de gasto de hogares y ponderar el IPC en base a datos creíbles y actualizados. No parece un gasto en recursos elevado, teniendo en cuenta las enormes economías de escala que provee la información de calidad, pues todas las variables económicas reales, necesitan de dicho índice.

 

Reflexión 2. Sin credibilidad, la política de metas de inflación no es exitosa

En consecuencia, una correcta ponderación de la canasta alimenticia, en la tasa de variación del nivel de precios, arrojaría una inflación muchísimo mayor, junto con una consistencia menor de la política monetaria.

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La política de fijación de los agregados monetarios, a través de la tasa de interés de referencia, en conjunto con otras medidas, como la elevación de los encajes bancarios y la renuencia del BCRA a intervenir en el mercado de divisas como instrumento de gestión de sus activos y pasivos, derivó este año en una caída rotunda de los saldos monetarios reales.

A su vez, una subestimación del IPC, es una subestimación de la caída de los saldos monetarios reales, ex post la contracción monetaria, y por lo tanto un error de diagnóstico y de política monetaria, que solo induce recesión, dada la inflación cambiaria.

 

Reflexión 3. La inversión y el consumo dependen de los saldos reales.

La contracción de los saldos monetarios reales induce en el corto plazo una fuerte recesión por tres principales canales:

El primero es la contracción del presupuesto de las familias, que disminuye su poder de compra, en relación al total de bienes y servicios que ahora es capaz de adquirir en el mercado.

El segundo es la inversión, tanto pública como privada, que caen un 4,9% interanual, en el segundo trimestre del 2016, según informa el INDEC. A esto se suma el incremento de la maquinaria y equipo importada del 11,9%, a costa de la caída de la maquinaria y equipo nacional del 4,2% y una caída en la construcción del 15,7%.

El tercero, y el menos tenido en cuenta por estos días dado el bajo énfasis del gobierno para encarar reformas estructurales, es la inflexibilidad que tiene la economía argentina, no solo en precios, sino en movilidad de recursos. En relación a esto, debemos notar que ante una tremenda inflexibilidad en la movilidad de bienes, trabajo y capitales, los recursos podrían estar en permanente desequilibrio, en tanto la economía no se termina de acomodar a sucesivos cambios institucionales, políticos y económicos. Por lo tanto, los precios relativos no estarían quizá encontrando un punto de estabilidad, sino que estarían en un estado de persistente tensión. A esto se suma el efecto sustitución de la demanda.

 

Reflexión 4. Recesión monetaria e inflación cambiaria: hubo efecto sustitución?

Esto es claro, porque se identifican fuertes caídas en la demanda de unos rubros, junto con incrementos en la de otros, en especial, alimentos y productos farmacéuticos de elevada inelasticidad, tal como se ve en el gráfico ventas minoristas.

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A la caída interanual del PBI igual al 3,4% en el segundo trimestre del año, se sumó el pasado mes una caída en la actividad del 3,7%, y una inflación en octubre del 2,4%. Con todo, a medida que las demandas para los distintos mercados sustituyen unos bienes por otros, conforme cambian los precios relativos, se hace necesario modificar las ponderaciones del IPC y construir una base sana y actualizada, que incorpore dicho efecto.

En suma, el error de política monetaria no solo radica en estar basado en un IPC poco creíble y poco consistente, sino en aplicar metas de inflación en un escenario de inflación elevada, baja confianza en las instituciones, y elevada incertidumbre. Sobre todo, teniendo en cuenta que las cuentas públicas no mejoran, y que el repago de la deuda dependerá de las inversiones de capital, que hoy se realicen con dichos recursos, pero que no se realizan.

Para consolar al lector, podríamos decir que la subestimación del IPC, permite una subestimación de la contracción monetaria necesaria, que todo banquero central ortodoxo-monetarista necesita implementar.