Economía calesita

Economía calesita

srossit

 

 

 

 

Por Santiago Rossi

La semana pasada el colega y profesor de macroeconomía de la UBA Ramiro Albrieu decía por Twitter que “El economista te avisa 3am, en el medio de la fiesta, que hay que bajar la música porque el lunes te echa el consorcio”. La frase hace referencia a las crecientes tensiones que se acumulan en el mercado cambiario y que pensamos puede ser la principal preocupación económica del gobierno en los próximos meses.

Algunos números: en 2016 la formación de activos externos (compra de dólares billete fuera del sistema financiero, lo que se conoce como dólares “bajo el colchón” o fuga de capitales) ascendió a US$ 12.700 millones. Asimismo, el balance entre los ingresos por turismo receptivo y emisivo registró un saldo negativo de US$ 6.600 millones, profundizando el déficit de la cuenta corriente cambiaria que arrojó un rojo de US$ 15.800 millones.

Dado un escenario de este tipo, sería esperable que el nivel de reservas exhibiera variaciones negativas. No obstante, apoyado por el ingente flujo de nuevo endeudamiento (más de US$ 38 mil millones de ingresos netos de divisas por esa vía) las reservas treparon US$ 13.700 millones.

bp1

A finales de 2015, el gobierno heredó dos grandes desequilibrios macroeconómicos: atraso tarifario y cambiario. La estrategia del gradualismo, tal vez la única viable en un contexto de minoría parlamentaria en ambas cámaras, hizo que las correcciones de ambas variables hayan quedado a medio camino. Para compensar los desequilibrios el gobierno se apoyó en el uno de los pocos activos que heredó: un bajo nivel de deuda. Pero, ¿cuánto puede aguantar la economía sin corregir estas variables?

Una de las primeras alertas que recibió el gobierno sobre la sostenibilidad del programa económico provino del exterior y fue la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos. El “efecto Trump” sobre los mercados financieros fue significativo: en pocos días las monedas de los emergentes se depreciaron y los precios de los bonos soberanos se deprimieron. Para la Argentina esto significó una profundización del problema de la competitividad cambiaria (porque las monedas de nuestros socios se depreciaron más y con un menor grado de traslado a precios) y un incremento en el costo del nuevo endeudamiento. Por este motivo, Caputo, el nuevo Ministro de Finanzas, decidió acudir a los mercados en los primeros días de este año en lugar de esperar algunos meses como indicaba la estrategia inicial.

Teniendo en cuenta el contexto electoral de 2017, no esperamos variaciones significativas en el tipo de cambio. De hecho, lo más probable es que la tasa de devaluación sea menor a la inflación que estimamos se ubicará en torno al 23%. Un escenario de este tipo, profundizará la corrida hacia el dólar obligando al Banco Central a subir las tasas de interés.

En resumen, no queda que escenario actual de un dólar tan bajo sea sostenible. Creemos que en el corto plazo, léase 2017, el gobierno no tendrá mayores complicaciones para hacer frente a los vencimientos de deuda, las importaciones y la fuga de capitales. Sin embargo, pensamos que esta estrategia no podrá mantenerse en 2018, lo que obligará al gobierno a una depreciación -sin dudas, más agresiva que en 2017- y como consecuencia, una aceleración de la inflación y una caída del consumo. Así, 2018 será un año parecido a 2016, que a su vez fue parecido a 2014, que a su vez… en fin, la economía argentina parece ser una “economía calesita”, atrapada en un equilibrio de bajo crecimiento y alta inflación, en el cuál ya se ubica desde hace 5 años.