25 años sin recesión: lecciones de la experiencia australiana

25 años sin recesión: lecciones de la experiencia australiana

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Por Micaela Fuchila

Quizás la razón por la cual los australianos tienen esa reputación de pasar todo el día tirados en la playa es porque las reformas económicas estructurales llevadas a cabo durante las últimas cuatro décadas trabajan duro por ellos. Seguramente el joven que baja del auto importado descalzo, cargando su tabla de surf un lunes a las 2 de la tarde no lo sabe, pero su prosperidad económica se debe en gran parte a las difíciles decisiones que algunos políticos tomaron en el pasado.

Mientras muchos países tratan de lidiar con  los efectos de la globalización, los australianos tratan de mantener sus negocios a salvo, sabiendo que las decisiones tomadas algunos años atrás, los prepararon para este momento. Si bien es cierto que Australia no enfrenta una recesión desde 1991, tampoco ha enfrentado una situación mundial tan singular como la que se vive hoy, en esta lejana y pacífica isla.

Al igual que Argentina, Australia disfrutó y explotó el boom de los precios de los commodities  y naturalmente fue el país más beneficiado por la emergencia de China como una economía superpoderosa. Como observan en Australia, América Latina, (sí, no existen Argentina, Brasil, Chile, Colombia, etc., sólo somos “Latin America”) representa solamente el 8% del PBI mundial[1], con lo cual, la proporción que Argentina representa en ese ínfimo 8% es menos que marginal. De todas maneras, el boom ya terminó, y China ya no puede ni quiere absorber todos esos commodities que Australia (y Latin America) le estuvo exportando durante los últimos años.

Y aquí está la gran diferencia. El boom de los commodities no explica 25 años de crecimiento económico ininterrumpido de Australia, con una inflación del 2% (no, no me olvido ningún cero) y un nivel de desempleo menor al 6%, que no se vio afectado por la rápida caída del precio del carbón o del hierro.

La pregunta que surge ahora, es cuáles fueron esas medidas o decisiones mencionadas anteriormente. Para contestarlo, tenemos que mirar qué hizo Australia entre 1970, cuando la economía era súper proteccionista, hasta la actualidad. Todas las reformas realizadas desde entonces, hacen hoy a Australia una de las economías más abiertas del mundo. Y cuando digo abierta, me refiero a la famosa y muy temida mano invisible, subastador walrasiano, neoliberalismo, economía de mercado. Pero ¿por qué?  Al igual que Argentina, Australia recibió una fuerte oleada inmigratoria posterior a la Segunda Guerra Mundial, principalmente italiana. De ahí viene el aroma a café por la mañana en la ciudad. Como muchos otros países (no estoy segura si Argentina entra en ese grupo) Australia estaba preocupada por construir una economía que pudiera asegurarle un trabajo a los recién llegados que iban a contribuir al desarrollo del país. Para esto, implementaron todo tipo de barreras y controles comerciales y aseguraron que cada inmigrante que se bajara del barco pudiera acceder a un trabajo en la industria manufacturera. Y no se equivocaron. El país prosperó. El problema fue que en los ‘70s las medidas proteccionistas empezaron a ser muy costosas respecto a la escasa población de Australia en ese momento, y sostenerlas comenzó a ser todo un desafío. Así fue que empezó la gran reforma económica.

australia

Lo primero que hicieron fue dejar el dólar libre, así el gobierno dejaría de gastar reservas tratando de adaptarse al benchmark de otro país y el mercado haría el trabajo de decidir el precio real del dólar australiano (hoy en día es de aproximadamente 75 centavos de dólar estadounidense), esperando también que la economía ajuste de acuerdo a eso. Esto quiere decir que si bien Australia devaluó su moneda, eso no se vio reflejado en una caída del empleo como pasó en Argentina. ¿Por qué?

Bueno, la segunda reforma fue la del mercado laboral. Adiós a los sindicatos, a fijar salarios y a aumentos programados y bienvenidos a la política de los aumento según tu performance. Parece mentira, pero hasta el día de hoy funciona así: una reunión cada seis meses con tu jefe para concluir si cumpliste o no con las expectativas y si mereces un aumento. Utópico pero real. La idea detrás de esta medida fue moverse hacia sectores con más demanda.

Tercera reforma: no más barreras de entrada o retenciones a las importaciones. ¿Pero acaso eso no destruye la industria nacional? Bueno, de hecho sí. Hoy prácticamente toda la manufactura es producida en China, pero la posición de Australia frente a esto fue la siguiente: te permitimos comprar tus juguetes made in China porque son más baratos, ya que con la diferencia que ahorrás seguramente vas a consumir algo más dentro del país. Y así fue. Se desarrollaron otras actividades que también trajeron trabajo, como por ejemplo la gastronomía.

Cuarta y última reforma (y creo que más importante): el Banco Central Independiente. Verdaderamente independiente, libre de elegir su política monetaria sin intervención política con objetivos muy simples: controlar la inflación (el target de inflación para 2017 es 1,5%), controlar el nivel de desempleo y mantener la economía estable. Tarea fácil, no?

Como resultado de estas medidas, las industrias se abrieron a competir, la competencia hizo que los precios bajaran y que la calidad de los servicios mejorara, simplemente porque hay otra opción. Imaginen si pudieran elegir cambiarse de Edenor a otra empresa donde atienden el teléfono cuando uno llama. Bueno, Australia privatizó casi todas sus empresas de servicios (en Queensland por ejemplo, sólo quedan 12 empresas de agua y electricidad de las cuales el estado es dueño) con lo cual las empresas luchan por dar el mejor servicio al usuario, ya que las tarifas son prácticamente las mismas.

Lo más importante de todas estas medidas, que suenan bastante familiares para nosotros, es que no fueron nada fáciles. Costaron defaults  y pérdidas de empleo. Pero fueron hechas con sacrificio político. Me pregunto qué hubiera pasado si un programa así hubiera sido implementado en Argentina hace unos años. Quizás el problema, además de la inestabilidad económica y la corrupción, son las instituciones. Desde ese entonces, ningún político australiano de ningún partido modificó este tipo de medidas, las famosas reglas del juego, que están ahí, no importa el gobierno de turno, ni quién se lleve crédito por los años de bonanza. Como dicen los australianos cuando hay elecciones, “es lo mismo a quien votar, la economía no cambia”.

[1] Fuente: Australian Economic Outlook, UBS Global Research,  Australia & New Zealand, Agosto 2016