En defensa del efecto riqueza de Laidler

En defensa del efecto riqueza de Laidler

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Por Fernando Rezk

 

Argentina necesita terminar de manera urgente, con la cultura del “lo que gano me lo quitan” y de “no me sirve comprar bienes, mejor comprar dólares, hacer la valija y fugarlos”.

Para ello, necesita eliminar la inflación. Pero también, el costo de mantenimiento del capital, y la deducción anual que conlleva la confiscación estatal.

No están leyendo a un libertario, sino a un industrialista.

Sucede, que permitir que cada uno pueda construir su “castillito” en el país que ama no es un perjuicio al país, sino un beneficio social e individual.

Hoy, el impuesto a los bienes personales, y el impuesto a las ganancias sobre acciones aplicados a personas físicas, son altamente antiprogreso.

Un jubilado que ha trabajado toda su vida, y que ha ahorrado dos departamentos pequeños, vive en uno y debe tributar aún ganando miserias. Y en caso de no alcanzar el monto, porque a valor fiscal no le corresponda pagar, deberá igualmente abonar a su contador los servicios por su declaración jurada.

Una persona que desea construir su casa, y adquirir un auto y cochera, deberá pensarlo. Quizá sea mejor guardar los dólares en una cajita y esperar, pues Argentina detesta la demanda de pesos, porque el Estado castiga toda acumulación de bienes, y la demanda transaccional no se requiere con estos costos de manutención del capital.

Para que quiero los pesos si no me sirven sino para comprar bienes que declararé ante el fisco?

En términos de finanzas públicas, un impuesto es bueno mientras recauda. Si recauda poco, es mas el castigo que genera sobre los incentivos, que la recaudación que brinda al fisco.

En este caso, el impuesto a los bienes personales no tiene razón de ser por tres motivos:

1) Argentina tiene poco capital, y por lo tanto no puede castigarlo

2) Argentina es un país en el cual su demanda de dinero es raquítica

3) la demanda de dólares inducida por los descalabros macroeconómicos, induce a la sociedad a soportar el señoreaje de EEUU, impidiendo que la misma se beneficie de los efectos riqueza producto de la valorización de los bienes durables

Al depender de la riqueza, la demanda de dinero se incrementaría si permitiera acceder al intercambio para adquisición de bienes durables sin costo de manutención, si permitiéramos que los individuos cambiaran su mentalidad y dejaran de mirar el mercado de tasas y de cambios.

Además, con estos niveles de profundidad financiera, castigar a quien ahorra con un impuesto sobre su patrimonio es perverso, recauda poco, y complica nuestra acumulación de capital.

Pero lo más saludable, es el efecto riqueza que generaría sobre las familias, la posesión de bienes y acciones que ahora no tributarían, respecto del resto del mundo. El sistema de precios es muy sabio, cuando el Estado se pone al servicio del ahorro de las familias.

Constituiría un refugio sobre el cual podríamos ahorrar, y una feroz competencia a las tasas fijas, que hoy amenazan nuestra sustentabilidad financiera macroeconómica.

También competirían las empresas con la feroz tasa activa bancaria. Una mayor colocación de deuda en el mercado de capitales bajaría la exigibilidad de sus pasivos (y la de los bancos que también coloquen deuda en el mercado de capitales), mejorando la transformación de plazos y el crédito en Argentina.

De manera que mejorar el mercado de capitales, como refugio de familias, complementa al mercado de crédito bancario, y le compite a la vez, generando una mejor canalización del ahorro nacional e internacional.

Un instrumento no inflacionario de ahorro no puede ser “la” tasa de interés, porque eleva la creación de dinero, tanto por creación secundaria, como por incremento de pasivos en t+1, t+2, etc.

Para el caso de las ganancias sobre acciones, no hay ningún motivo para que el Estado participe sobre la rentabilidad de una actividad altamente riesgosa. Si son ganancias sobre la actividad real, el Estado puede contribuir mejorando logística, iluminación, contribuyendo con el empleo y colaborando con instituciones.

Pero en el caso del mercado accionario, el elevado riesgo al que se enfrentan las familias, y su volatilidad, hace injusto que el Estado pretenda jugar al socio cuando en realidad no arriesga nada.

Además, es hasta una contradicción hacer tributar a una persona por una ganancia accionaria, pues para ello existe un impuesto a las ganancias de empresas. Si las personas ganan porque mejora el capital de las firmas, ello ya tributa a través de los ingresos percibidos por las distintas firmas, que se pueden financiar a mayor escala, e invertir como fruto de su valorización.

Además, la retribución que otorga el Estado en servicios, fruto del cobro de sus impuestos, para la mejora del comercio real de bienes, no puede otorgarla para favorecer al mercado accionario, sino solo mejorando instituciones.

Por lo tanto, propongo se deroguen esos tributos, ya que nuestro mercado de capitales es raquítico, y su subdesarrollo nos somete a elevadas tasas bancarias que no favorecen el ahorro del país. Qué mejor manera de ahorrar que participar de empresas creadoras de riqueza? No son las empresas formadoras de capital con su propia reinversión de excedentes productivos? Por qué no permitiríamos que las familias capitalicen a mayor escala los dividendos obtenidos de las firmas?

Finalmente, generar un flujo de demanda transaccional en bienes durables, y en participaciones accionarias, es necesario para fortalecer una cultura ausente, en medio del sálvese quien pueda, y haga sus valijas.