La bicicleta oxidada

La bicicleta oxidada

Nota publicada originalmente el 8 de julio de 2017 en el newsletter de “Contraeconomía” de Inversor GlobalJuani

por Juan I. Fernández

 

El término “bicicleta financiera” se trasformó en el elemento central de la crítica al gobierno. En esta nota te explico por qué está mal utilizado.

 

 

Semanas atrás, un contacto de Facebook colgó en su muro un compacto de un programa de cable emitido por un canal ultra K. El conductor era el mismo personaje que había sido víctima de innumerables memes por haber anunciado a Scioli ganador de manera errónea y prematuramente en las elecciones pasadas.

Imagino que no hacen falta más precisiones.

Más allá del contexto -y para evitar caer en un argumento ad-hominem de manual- el segmento del programa consistió en un sketch caricaturesco que intentó representar lo que en la city actualmente se mal denomina “bicicleta financiera”.

Un culto a la ignorancia financiera

Desde tiempos inmemoriales los humanos se han comportado torpemente en determinadas situaciones sociales.

Quizá por el afán de pertenecer a un grupo, o simplemente por no contar con una mejor, muchas veces adoptamos explicaciones atractivamente simplistas y, por ende, falaces sobre ciertos fenómenos.

Trayéndolo al día de hoy, particularmente durante los últimos meses los argentinos hemos sido testigos de un culto a la ignorancia en el plano financiero. Lo llamativo es que este culto no solo lo practican los aplaudidores del “progresismo”, sino también una horda de periodistas pseudocalificados que solo se limitan a repetir algunas frases hechas.

Este es el caso de la expresión “bicicleta financiera”. Ahora bien, ¿qué es una bicicleta financiera?

Se denomina “bicicleta financiera” al carry-trade con muy bajo riesgo cambiario.

En criollo, esta maniobra constaría de 4 simples pasos.

El primero es tener un dólar casi planchado y saberlo con antelación. El segundo, colocar inversiones de renta fija a corto plazo en moneda local (LEBAC o bonos muy cortos) porque la tasa local siempre es mayor a la tasa internacional. Tercero, dado que el tipo de cambio está cuasi fijo, disfrutar de jugosos rendimientos en moneda extranjera. Por último, terminado el plazo de inversión, se puede reconvertir -o no- el capital a moneda extranjera, cerrando el primer círculo.

Esta operación se puede repetir “n” veces, mientras reine la paz cambiaria.

¿Existe la bicicleta hoy?

Para que los inversores que adopten esta estrategia aparentemente libre de riesgo tengan éxito, tiene que darse una situación de estabilidad cambiaria previsible tal que los rendimientos en pesos se hayan traducido sistemáticamente en jugosos rendimientos en dólares.

Sin embargo, esto no es lo que pasó.

Veamos qué sucedió con el tipo de cambio y con las tasas del tramo corto de LEBAC durante los últimos meses.

Como se puede observar, la volatilidad del tipo de cambio ha borrado buena parte de las ganancias acumuladas. O sea, la tasa de LEBAC pasó de ubicarse muy por encima de la tasa de depreciación, a caer bastante por debajo.

En conclusión, a pesar de que el esquema cambiario actual no sea una flotación 100% libre, el dólar flota lo suficiente como para amenazar la rentabilidad en moneda extranjera del carry-trade local.

De hecho, si se mantuvieran los niveles actuales, quien entró en LEBAC hace unos 3 meses estaría cerrando una pérdida en torno al 4% en dólares hacia fines de julio.

Si a eso le sumamos el probable efecto sobre la cotización del dólar de un potencial triunfo de la oposición en las elecciones de medio término, entonces es claro que no hay “bicicleta financiera”. Es que, precisamente, la paz cambiaria está lejos de estar asegurada.

Lo que se olvidan los pseudoperiodistas y repetidores seriales es que el inversor que se “para” en LEBAC, realmente está asumiendo un riesgo cambiario alto, lo cual deja a dicha estrategia muy lejos de la posición de mero arbitraje. Es decir, donde se obtienen ganancias con cero riesgos.

La bicicleta y el neoliberalismo

Hasta acá queda claro que, al menos hoy, no se está dando un escenario de bicicleta financiera. Sin embargo, el interés por este concepto se disparó recientemente.

Lo que sucede, entonces, no es que haya preocupación por esta estrategia en particular, sino que la idea de la bicicleta se convirtió en una bandera insignia de la oposición para criticar al supuesto gobierno “neoliberal” de Macri.

La lógica de estos individuos es la siguiente: como el gobierno es opositor, coloca deuda y sitúa las tasas más o menos a la par de la inflación. Así, promueve la bicicleta financiera y, en consecuencia, es “neoliberal/vende-patria y ajustador”.

Esta postura, además de incorrecta, es tautológica.

Si las tasas están altas, es porque hay un stock de LEBAC que mantener y dinero nuevo a esterilizar. Si hay un stock de LEBAC que mantener y dinero nuevo a esterilizar, es porque hay que monetizar parte del cuantioso déficit fiscal. Si hay que monetizar parte del cuantioso déficit fiscal, es porque hay un enorme desequilibrio en las cuentas públicas.

Y si el desequilibrio fiscal no se reduce, es porque el ajuste -hasta el momento- fue nulo. De más está aclarar que este no ajuste no es una política liberal, sino todo lo contrario.

Adicionalmente, resulta paradójico que, por un lado se hable de la “bicicleta financiera” cuando simultáneamente se debate sobre la “escapada” del dólar. Técnicamente, ambos fenómenos son mutuamente excluyentes.

Sin embargo, parece que por estas latitudes la ley de gravedad no rige.