Presupuesto 2018: que nos dicen las proyecciones macroeconómicas oficiales

Presupuesto 2018: que nos dicen las proyecciones macroeconómicas oficiales

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Por Santiago Rossi  para el El Economista

Esta semana, Nicolás Dujovne y Luis Caputo hicieron la presentación del proyecto de Presupuesto 2018. La llamada “ley de leyes” cumple un papel central para la organización de las finanzas públicas nacionales pero en esta oportunidad también cumple otro rol tal vez más relevante: el de brindar certezas sobre el rumbo de la economía y la sostenibilidad del programa económico, algo fundamental para poder captar inversiones en la economía real.

 

Una de las secciones más importantes del Presupuesto suele ser la dedicada a las proyecciones macroeconómicas. Allí se presenta la evolución para los próximos años del PIB, del tipo de cambio, de la inflación y del comercio exterior entre otras variables y resulta una herramienta útil para testear la consistencia del programa económico del Gobierno.

 

 

  • Crecimiento. Según las proyecciones oficiales, la economía crecería en 2018, 2019, 2020 y 2021 a un ritmo del 3,5% anual. Una meta ambiciosa si tenemos en cuenta que las perspectivas para Latinoamérica es un crecimiento de 2,7% promedio para el mismo período. En ese marco, Argentina estaría entre las economías de la región con más alto crecimiento. Medido en términos per capita, el ritmo de crecimiento sería de 2,5% anual lo que permitiría recuperar en 2018 el nivel de riqueza por habitante de 2011, último año de crecimiento a tasas chinas y pico de los precios de las commodities. Hay que recordar que el estancamiento económico entre 2012 y 2016 significó una caída del PIB por habitante de 6%.

 

  • Inversión. “Sin inversión no hay crecimiento, sin crecimiento no hay trabajo, y sólo generando trabajo podremos eliminar la pobreza”. Con esa frase se inicia el proyecto de Presupuesto, mostrando que el Gobierno tiene como primer punto dentro de su agenda impulsar la inversión privada. Por eso no sorprende que cuando observamos las proyecciones de largo plazo, el componente más dinámico de la demanda agregada sea justamente la formación de capital. El Gobierno espera que la inversión crezca por encima de los dos dígitos en 2017 (10%), en 2018 (12%) y en 2019 (10,1%). En promedio en periodo 2018-2021 la inversión treparía a un ritmo de 9,5% anual por lo que la participación de la inversión en el PIB alcanzaría el 25% en 2021, permitiendo incrementar los niveles de productividad de la economía y acelerando el ritmo de expansión.

 

 

  • Consumo. Lejos quedaron los años en que el consumo era el principal impulsor de la actividad económica. Si bien en todo en el período 2017-2021 se espera que el consumo de los hogares crezca, lo hará en todos los casos por debajo del promedio de la economía. Algunos factores que podrían explicar la suba son mayores ingresos reales en un contexto de desinflación, la creación de empleo privado y la toma de crédito al consumo por parte de las familias.

 

  • Gasto público. El gasto público también perderá protagonismo. 2018 sería el último año con crecimiento en términos reales del gasto público consolidado (1,3% considerando la Nación, provincias y municipios) ya que en 2019 y 2020 se mantendría constante. De este modo, el peso del consumo público en el PIB bajaría por primera vez desde 2011, y al cabo de 4 años se reduciría del 14% actual a 12,4%.

 

  • Comercio exterior. Tal vez uno de los mayores llamados de atención para los hacedores de política sea el rápido deterioro de las cuentas externas. En 2017 muy probablemente el rojo de cuenta corriente supere los 4 puntos del PIB, unos de los déficit más grandes entre economías emergentes. En este sentido, las previsiones del Presupuesto no son muy alentadoras. En 2017 se prevé que el déficit comercial alcance los U$S 4,500 millones y continúe deteriorándose hasta superara los   US$ 7.000 en 2020. Por otro lado, si se tiene en cuenta el creciente peso de los intereses de deuda, el déficit de cuenta corriente puede agravarse hasta niveles que obliguen a realizar correcciones en el tipo de cambio.

 

  • Tipo de cambio e inflación. En materia de precios, el Presupuesto es consistente con las metas fijadas por el BCRA. Para 2018 prevé una inflación promedio de 16,7% que es compatible con una variación interanual de 10% para diciembre de 2018. Por su parte, el tipo de cambio seguiría una trayectoria similar a la del nivel general de precios y la devaluación sería de 15,6% en promedio, apenas por debajo de la inflación. Esto mismo se repite para los años posteriores por lo que se puede asegurar que la recuperación de la competitividad del tipo de cambio no será algo esperable en el mediano plazo.

 

Un avance

El Presupuesto de 2018 es un gran avance en la agenda de recuperación institucional que se planteó el gobierno. Las proyecciones presentadas por el oficialismo están en línea con las estimaciones de los consultores del sector privado y puede ser utilizados para la toma de decisiones de las empresas. Asimismo, y aunque no fue desarrollado en la nota, el proyecto presenta trayectorias de reducción del déficit fiscal y la presión tributaria que sirven para limitar la incertidumbre que tiene cualquier proceso de evaluación de un proyecto de inversión de largo plazo.