Bienvenida la venta en corto a Argentina

Bienvenida la venta en corto a Argentina

Nota publicada originalmente en el newsletter de “Contraeconomía” de Inversor GlobalJuani

por Juan I. Fernández

 

En la CNV se estuvo discutiendo la habilitación de la venta en corto en el mercado local. En esta nota te cuento de qué se trata, sus ventajas, y los argumentos que sus detractores postulan.

En el contexto del inesperado triunfo de Donald Trump de algunos meses atrás, externalicé a través de mi cuenta de Twitter una queja sobre el mercado local. La misma era -textual- “el mercado financiero de Peronia está diseñado para que no puedas shortear”.

La queja era, específicamente, por mi descontento acerca de la imposibilidad de apostar a la baja de manera directa en la plaza local, a diferencia de lo que ocurre en USA.

¿Por qué me quejé de esa manera? Dado el triunfo de Trump, sabía que iba a haber un cimbronazo en el mercado local de al menos varias ruedas. En función de ese view, quería apostar a la baja. Dado que no se podía hacerlo de manera directa, lo termine haciendo de manera costosa a través del mercado de futuros, quitándole atractivo a la atinada estrategia.

Hoy, luego de varios meses de ese episodio, trasciende la noticia de que la Comisión Nacional de Valores (CNV) estaría aprobando un proyecto para habilitar la opción de venta en corto ó“shorteo” de acciones en el mercado local.

Parece que finalmente escucharon la plegaria vía Twitter.

¿Qué es la venta en corto?

Es una operatoria donde el que “shortea” vende títulos que pide prestados, para intentar capturar ganancias cuando ocurra una baja en el precio del papel que está vendiendo.

Es decir, el bróker me da a préstamo los títulos sobre los cuales yo quiero apostar a la baja. Yo tomo esos títulos prestados y los vendo. Luego, los vuelvo a comprar (cuando lo crea conveniente) a un precio más bajo -si efectivamente el precio bajó- embolsando la diferencia entre el precio viejo (más alto), y el precio nuevo (más bajo).

O sea, en vez de comprar barato y vender caro, la venta en corto es inversa: es vender caro para comprar barato.

Esto parece algo trivial, pero en el mercado local de hoy el inversor sólo puede ganar apostando al alza, con excepción de la operatoria vía opciones (puts) o con futuros, ambos instrumentos muy poco líquidos y costosos.

En concreto, casi no se puede apostar a la baja.

La venta en corto en el mundo: una práctica demonizada

El short selling no es una operatoria permitida en todos los países. Mientras en USA es completamente legal, en países como Francia, Italia, España y Bélgica fue prohibida en el año 2011.

El principal motivo que esbozan sus detractores para justificar su prohibición es que este vehículo “altamente especulativo” contribuiría a incrementar la volatilidad de los mercados financieros.

Eso -a priori- es falso. Es un fenómeno que ha sido estudiado con rigurosidad científica, y lo cierto es que la “biblioteca académica” está dividida. No hay evidencia empírica concluyente que indique que la existencia de las ventas en corto incremente la volatilidad de los mercados financieros.

Dada esta ausencia de un sustento objetivo para ir en contra de este tipo de operatoria, lo que queda claro es que, en los países donde no se permite shortear, se estaría sacrificando una excelente herramienta para los inversores (y para el mercado) a cambio de ningún beneficio claro.

Por otra parte, tampoco es cierto que el mercado penalice excesivamente a las acciones, particularmente cuando tenga lugar una situación financiera comprometida de la empresa, lo que se conoce como distress. Por ejemplo, Tesla es una empresa que, a día de hoy -desde su creación-, todavía no ha reportado ganancias operacionales, pero, tal como fue noticia hace poco tiempo, su capitalización bursátil ya supera a la de Ford.

Este es un contraejemplo claro que demuestra que es falso que el mercado es necesariamente ingenuo como para no entender que la empresa puede tener un significativo potencial, incluso a pesar de estar pasando por algún estrés financiero temporario.

Además, en caso de que los vendedores en corto presionen para que baje la cotización de la empresa, lo cierto es que, si efectivamente los fundamentos de la compañía son buenos de cara al mediano/largo plazo, va a haber del otro lado un cúmulo de potenciales compradores deseosos de hacerse de estas acciones, ahora a un precio de descuento.

Como se puede apreciar, una vez más, los argumentos en contra de políticas de liberalización están basadas en opiniones normativistas, carentes de fundamentos objetivos.

Ventajas de la venta en corto

La primera ventaja de esta operatoria es que le permite al inversor obtener potenciales ganancias poniendo muy poco dinero inicialmente, dado que los títulos son “prestados” por el bróker.

En segundo, la venta en corto es uno de los pocos vehículos para obtener dinero en un mercado bajista.

En tercero, el short selling no solo sirve como vehículo “especulativo”, sino como estrategia de cobertura para el que está comprado en esa acción. ¿Cómo funcionaría en este caso? Simple, el que ya tiene, por ejemplo, 100 acciones de Banco Macro, podría querer hacer una venta en corto por 50 acciones antes de las elecciones legislativas (operación inversa), para balancear su portafolio, y así disminuir su exposición ante eventos altamente inciertos.

En resumen, hay incentivos más que interesantes para permitir este tipo de operatoria.

Desprecio por el sistema de precios

Por último, no quería dejar de enfatizar una cuestión “cuasi filosófica” implicada en el desprecio por la venta en corto.

En términos de facto, prohibir la venta en corto es entorpecer el funcionamiento del sistema de precios, obstaculizando la propagación de las señales bajistas del mercado.

Entonces, si tenemos en cuenta que el mercado, en términos hayekianos, es el vehículo en el cual delegamos gran parte de la asignación de recursos de la economía en su totalidad, entonces es válido afirmar que, cuanto mejor funcione este sistema, más eficiente será la asignación de recursos.

Por ejemplo, en este mercado accionario particular, que los agentes tengan la posibilidad de reflejar un sentimiento bajista sobre un papel implica que el papel tenga menos chances de quedar sobrevaluado, y eso a su vez implica que habrá recursos que se reubicarán en otro mejor destino, más productivo.

Para bajar esto a la realidad: supongamos que mañana MercadoLibre sale a cotizar en el Merval. También supongamos que Celulosa (una empresa en una situación muy comprometida actualmente) continúa con su lamentable situación financiera, incluso llegando a condiciones casi terminales. En un mercado donde esté habilitada la venta en corto, probablemente el hecho de que la gente pueda shortear acciones de Celulosa implicará que sea más fácil que su complicada situación se refleje en sus precios de manera más rápida y certera. Eso, a su vez, liberaría fondos que podrían ir a proyectos mucho más rentables y promisorios, como MercadoLibre, con el beneficio económico y social que eso traería aparejado.

Pregunta final

En conclusión, penalizar la venta en corto es entorpecer el sistema de precios, y por ende, poner trabas en el mercado financiero que distorsionan la asignación de recursos.

La pregunta que nos tenemos que hacer entonces es: ¿Queremos ubicar nuestros recursos como sociedad en financiar empresas prometedoras como MercadoLibre, o proyectos con un nulo potencial de generación de riqueza?

Yo ya tengo mi respuesta.