Federico Sturzenegger: un médico cubano al mando del Banco Central

Federico Sturzenegger: un médico cubano al mando del Banco Central

Nota publicada originalmente en el newsletter de “Contraeconomía” de Inversor Global por Juan I. Fernández. Juani

 

Con las herramientas actuales que tiene a su disposición, el BCRA debería reconocer que no tiene chance de bajar la inflación por debajo del 20%.

En medio de un viaje laboral, entré a la web de un conocido periódico. Leyendo las noticias económicas, me topé con una declaración de Mario Blejer (ex presidente del Banco Central) que me llamó poderosamente la atención. Hablaba sobre la situación de Sturzenegger al mando del BCRA.

Según el ex-titular de la autoridad monetaria, “está OK” que Sturzenegger intervenga el mercado cambiario como lo está haciendo, porque tiene pocas herramientas pero un objetivo claro: bajar la inflación.

En esta nota me voy a encargar de mostrarte por qué considero esa declaración es, además de un claro ejemplo de mala praxis, sistémicamente preocupante.

“Sturze”: el médico cubano

Disclaimer (antes de arrancar este apartado): el adjetivo gentilicio “cubano” se debe a que, en promedio, el médico cubano es un profesional carente del adecuado instrumental para tratar a sus pacientes debido a cuestiones coyunturales de dicho país. Con esto claro, avancemos.

En primer lugar, los dichos de Blejer serían análogos a decir a lo siguiente:

El paciente tiene cáncer, pero el médico cubano lo trató con ibuprofeno, y está bien que así sea, dado que no tiene otra herramienta para hacerlo.

Para resumirlo: considero la declaración revela un grave error de carácter lógico. Se trata de algo altamente falaz.

¿Por qué? Fácil, el hecho de que supuestamente no haya otra herramienta mejor no hace a la herramienta actual -la venta de dólares cuasi-desesperada del BCRA- la adecuada.

Por ejemplo, si fueras médico en Cuba y tuvieras un stock de sólo 5 pastillas para curar una enfermedad “X” ¿Gastarías 1 pastilla para mejorar transitoriamente la salud de un paciente a quién sabés con certeza no se va a curar incluso dándole esa píldora? ¿O -por el contrario- guardarías esa pastilla para aplicar a un paciente que sabés tiene posibilidades ciertas de curarse?

La pregunta se responde sola.

Volviendo al plano real, considero en el contexto actual resulta ciertamente irresponsable sacrificar casi USD 2.000 millones en escasas semanas para mantener al dólar en $20,50, y así obtener tal vez alguna baja transitoria en la tasa de inflación. La esperanza es que dicha baja haga una diferencia en el intento de cerrar las paritarias lo más abajo posible.

Dólar, salarios e inflación

Los motivos detrás de este intento son los siguientes:

  • Se está intentando que los sindicatos crean que la inflación será menor de lo que efectivamente va a ser, con el objetivo de controlar el gasto público vía un aumento raquítico de los salarios del sector público; o sea, para que estos caigan en términos reales. Un típico ajuste blando vía precios, en un contexto de claro sobre-empleo público. Algo falto de agallas, pero no incorrecto en términos técnicos, dada la situación fiscal actual.
  • Por otro lado -el punto relevante en esta nota- es que el oficialismo cree que los salarios son una de las causas de la inflación, por lo que, según ellos, salarios más bajos implicarían una menor inflación.

Habiendo dicho esto, entonces, es importante remarcar que, si bien el tipo de cambio es un ancla “de hecho” para la inflación, sólo funciona transitoriamente y con un alcance limitado.

Por ejemplo, durante 2015, un año de elecciones presidenciales, el tipo de cambio oficial sólo se movió menos de un 15%, mientras que la inflación avanzó más de un 25%, en línea con el promedio anual de los 5 años anteriores hasta ese momento. El objetivo de ese “pisotón sobre el tipo de cambio”, no era nada más y nada menos que un intento costoso de trasladar inflación de 2015 a 2016.

Peronismo cambiario

La idea era llegar a las urnas con un nivel de inflación “crónicamente normal”, trasladando el problema al año y gestión subsiguiente. Todos a esta altura sabemos lo que ocurrió en 2016 con el tipo de cambio e inflación.

O sea, lo que estamos viendo, entonces, es un intento de política económica digno del peronismo, donde se “miente” con la inflación por un rato, para distorsionar la percepción de la ciudadanía, y así lograr algún objetivo -a priori- oculto.

Por otro lado, volviendo a Mario Blejer, esta “pseudo felicitación” o al menos justificación del accionar de Sturzenegger por apelar a la vieja receta peronista, que consiste en atrasar el tipo de cambio para obtener una baja efímera en la tasa de inflación, resulta lamentable.

A esta altura, deberíamos haber aprendido que este tipo de cosas no funcionan. Desde hace meses las expectativas de inflación del mercado no paran de subir, sobrepasando el 20%, y acercándose cada vez más al 24%, nivel en el que actualmente estimo cerrará 2018.

Es que realmente cuesta creer que la inflación bajará significativamente en un entorno donde se sinceran tarifas, cae la demanda de dinero y la velocidad de expansión de los agregados monetarios continúa entre el 23 y 28% anual, según el criterio que se tome para promediar.

En ese contexto es donde critico tanto el accionar del BCRA como los comentarios de Blejer. El BCRA, con las herramientas actuales que tiene a su disposición, debería reconocer que no tiene chance de bajar la inflación por debajo del 20%.

Ergo, quemar reservas para obtener una baja efímera y escasa, y exponerse a fallar frente a un target inflacionario imposible me resultan dos errores no forzados; balas de reputación y poder de fuego que podrían reservarse para más adelante, cuando realmente se necesiten.

La voluntad muchas veces puede torcer situaciones imposibles, pero dudo que este sea el caso de este “médico cubano” llamado Federico Sturzenegger.

 


Sin títuloJuan Ignacio Fernández.
Lic. en Economía (Universidad de Buenos Aires); Maestría en Finanzas (UTDT).

Juan trabajó como analista macroeconómico en diferentes consultoras y hace dos años fundó su propia empresa de asesoramiento, Oikos Bs. As, especializada en informes de macroeconomía, inversiones y real estate.
Además, es columnista económico del programa de “M20” (TV); también es el analista financiero de ContraEconomía y a su cargo están las recomendaciones de inversión de ContraInversiones.